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El llamado a perdonar

El perdón es más que solo palabras que se intercambian entre las personas cuando se ha cometido pecado.

Jan 1, 2021

Todos estamos familiarizados con la pregunta de Pedro sobre la frecuencia con la que debe perdonar a su hermano y a la respuesta de Cristo, “no siete veces, sino hasta setenta veces siete” (Mateo 18:22). Una pregunta que surge naturalmente, no solo de los discípulos, sino también del oído moderno, es: “¿Cómo es posible esto? ¿Cómo puedo perdonar realmente a alguien tantas veces?”

La respuesta puede estar en que el perdón es ante todo una decisión de la voluntad. Es cierto que el perdón es un acto que involucra a toda la persona (nuestros pensamientos, deseos y voluntad), pero puede ser útil para nosotros comenzar con nuestra voluntad. La elección que tomamos como personas que han sido agraviadas y menospreciadas proviene de profundas convicciones acerca de nuestra propia pecaminosidad, de la misericordia y gracia de Dios hacia nosotros, y de la creencia de que debemos querer extender esa misericordia a tantos como podamos (véase la siguiente metáfora de cómo es el Reino después de la corrección de Pedro por Cristo). Pero como dije, el perdón es, ante todo, un acto de voluntad e implica que la persona que concede el perdón haga cuatro compromisos con la persona que busca el perdón (incluso cuando algunas o todas nuestras emociones pueden no estar donde deberían estar).

Compromiso #1: La decisión de no pensar/morar en el pecado, sino de morar en Cristo

Esta puede ser una de las promesas más difíciles de hacer al conceder el perdón porque mucho de esto puede comenzar a un nivel involuntario. Una persona contra la que han pecado puede por veces recordar la ofensa mientras hace cosas mundanas en la vida y sentir como si no tuviera control sobre este recuerdo. Si bien eso es cierto, es posible que tenga poco control sobre recordar el pecado, pero tiene la opción de decidir morar en ese pecado. Puede elegir morar en el pecado que se hizo contra usted, cuánto fue lastimado, etc., o puede elegir morar en las cosas en las que Cristo le llama a pensar (Efesios 4:22-24). Usted puede optar por pensar en “… todo lo que es verdadero, todo lo digno, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo honorable, si hay alguna virtud o algo que merece elogio, en esto meditad.” (Filipenses 4:8).

Esto es difícil y requerirá trabajo de su parte. Tendrá que prepararse para la batalla porque la armadura de Dios funciona mejor cuando ya está puesta y cuando ha estado entrenando para la batalla (Efesios 6:11). Esto podría incluir la elaboración de una lista de cosas en las que detenerse a pensar en lugar del mal que se hizo en su contra. Esta lista podría incluir los indicativos del Evangelio, en lo que Dios ya hizo a su favor en Cristo. Podría incluir simplemente la elección de adorar a Dios en el momento en lugar de detenerse en su situación (vemos a David hacer esto todo el tiempo). El punto es que la primera promesa del perdón no solo es la decisión de no morar en el pecado que fue hecho, sino que también es una opción para pensar y morar en otras cosas mientras se reviste del nuevo hombre.

Compromiso #2: La decisión de no chismear, sino de hablar bien de los demás

Cuando pecan contra nosotros, uno de los primeros deseos que podríamos tener es de vengarnos. Esa venganza puede venir en todo tipo de modos que no son agradables a Cristo, y uno de ellos es particularmente susceptible cuando se trata de cristianos: el chisme. Proverbios describe las palabras de un chismoso como “bocados deliciosos” (Proverbios 18:8) y cualquiera que haya pecado escuchando chismes sabe que eso es cierto. Puede ser fácil en la casa de Dios “buscar sabiduría” o “orar por una situación” cuando en realidad no es más que chismear. Cuando una persona decide perdonar a alguien, está prometiendo no chismear sobre el asunto. Esto significa que van a dejar de hablar sobre el problema a menos que haya alguna parte del mismo que necesite ser resuelta, y solo entonces se busca hablar con las personas que están involucradas en ese problema.

En lugar de chismear cuando pecan en contra nuestra, tenemos que elegir hablar bien de los demás. Eso no significa que necesitemos inventar mentiras para hacerlas sonar mejor de lo que son, significa que solo presentaremos a los demás lo que es bueno (y no, no puede decir que no hay nada bueno en esa persona). El mandamiento de Pablo es: “No salga de vuestra boca ninguna palabra mala, sino solo la que sea buena para edificación, según la necesidad del momento, para que imparta gracia a los que escuchan” (Efesios 4:29). Por lo tanto, cualquiera que le oiga hablar de la persona que pecó contra usted tiene que ser beneficiado por ello.

Compromiso #3: La decisión de no sacar el tema para dañar, sino para restaurar.  .  

Muchas veces, cuando la gente piensa sobre el perdón, piensan que no les es permitido mencionar lo que sucedió. Más bien, la Escritura nos alienta a elegir no usar el pasado como arma o herramienta para herir a alguien. Es decir, Es decir, digamos que un marido ha pedido perdón a su mujer por un arrebato de ira contra ella. Ella le concedió el perdón. Pero, más tarde, si tienen una discusión por algo, ella no puede sacar a relucir ese pasado como herramienta para herirlo en la pelea, diciendo algo así como: “Ah, sí, bueno, al menos yo no me enfado como tú”. Eso sería una violación de lo que significa conceder el perdón.

Sin embargo, digamos que ella está tratando de cuidar a su esposo y amarlo de la manera que Cristo la llama a hacerlo, ella podría señalar un patrón de enojo cuando él habla diciendo: “Cariño, ¿notas que cuando hablas conmigo, puedes presentar un corazón enojado? Lo hiciste anoche, y lo estás haciendo de nuevo esta noche”. El perdón no significa olvido; significa elegir no sacar el tema para hacer daño. Cuando se menciona el pasado, se debe utilizar como herramienta para la restauración y arrepentimiento (Gálatas 6:1). Puede haber todo tipo de razones por las que una persona pueda necesitar mencionar el pasado, pero el objetivo es siempre el mismo: ayudar a esa persona a ser como Cristo. Ayudar a restaurar su camino con Dios.

Compromiso #4: La decisión de no permitir que esto arruine la relación, sino de buscar oportunidades para amar.  

Por último, con el perdón, uno debe elegir no permitir que la relación se arruine por el pecado. Debe haber un lugar para la reconciliación entre las dos personas. Dicho esto, al elegir perdonar a una persona, no se requiere confiar en ella en el mismo grado que antes, o que cada aspecto de la relación debe ser completamente restaurado en este momento a la forma en que era. Podría haber consecuencias significativas para un pecado que duró toda una vida, y una persona que está verdaderamente arrepentida estará de acuerdo con eso. No luchará contra las consecuencias, sino que las verá como una parte natural de cómo Dios ha ordenado este mundo para su gloria.

Dejando a un lado los casos más graves por un momento, el llamado a amar a su enemigo está en todas las páginas de la Biblia. Cuando alguien le haya lastimado, considere lo que realmente muestra a Cristo, lo que realmente trae gloria a Dios. ¿Es devolver el mal o cortar esa relación, o es su elección de amar a su enemigo ya que Dios eligió amar a su enemigo? ¿Es no volver a hablar con esa persona, o es buscar su bienestar? La elección de amar a los que le han lastimado es una de las mejores maneras de glorificar a Dios. Eso puede significar que al principio le lleve algún tiempo desear expresar ese tipo de amor al que Dios nos llama, pero el llamado sigue ahí. Es posible que necesite planificar cómo mostrar ese amor al igual que ha tenido que planificar otras cosas mencionadas anteriormente.

El perdón es más que solo palabras que se intercambian entre las personas cuando se ha cometido un pecado, es una elección de toda la persona que ha sido agraviada. Esa elección, aunque es difícil, glorifica a Dios.