A Eric le sorprende que su mujer esté tan enojada. La mayoría de los hombres en su oficina hacen lo mismo cada semana. ¿Por qué Raquel tiene que hacer un escándalo por eso? ¿Acaso no entiende que es una parte inevitable de su trabajo? A pesar de sus mejores esfuerzos por ayudarla a comprender su situación, Raquel sigue ofendida por su almuerzo semanal de negocios a solas con una compañera de trabajo.
En el fondo de esta discusión hay un desacuerdo sobre la naturaleza básica de la situación. Eric no ve ningún problema en almorzar con una compañera de trabajo, mientras que su mujer lo considera espantoso. ¿Está Eric pecando contra su esposa al tener un almuerzo profesional con otra mujer? ¿Se podría argumentar que la Biblia prohíbe esta acción? ¿Cómo podrían Eric y Raquel resolver este conflicto?
En los últimos años, Albert Mohler, Jr. ha pedido a los pensadores cristianos que desarrollen la «disciplina del análisis teológico». Así como el personal médico de emergencias evalúa a sus pacientes y clasifica sus necesidades, Mohler ha instado a los cristianos a tener una estructura que los guíe en sus discusiones doctrinales.
Así como los pensadores cristianos necesitan un análisis teológico para discernir sus doctrinas, las parejas cristianas necesitan un análisis moral para discernir sus conflictos. Antes de que una pareja determine quién tiene razón y qué hacer a continuación, primero deben identificar sobre qué están discutiendo y qué dice la Biblia al respecto. Si un análisis puede ayudar a alguien a articular su teología, tiene sentido buscar también un análisis para aplicar esa teología.
En esta serie, expondremos un análisis moral basado en cuatro categorías que se encuentran en las Escrituras: pecado, sabiduría, conciencia y preferencia. Hoy presentaremos las bases definiendo brevemente cada categoría en esta estructura. La pregunta esencial que una pareja debe hacerse para hacer el análisis de su conflicto es: «¿Sobre qué tipo de asunto estamos en desacuerdo?»
Pecado
La categoría moral del pecado es la más familiar de las cuatro y suele ser la más fácil de reconocer. El pecado es «infracción de la ley» (1 Juan 3:4b) y “por medio de la ley viene el conocimiento del pecado” (Romanos 3:20b). Por lo tanto, para clasificar una acción como pecado, normalmente debe transgredir de alguna manera la ley revelada de Dios.
Dado que los pecados están necesariamente vinculados a las Escrituras, esta categoría debería aplicarse por igual a todos los cristianos. Sin embargo, si el asunto en cuestión no es un pecado real, entonces la pareja debe reconocerlo como tal y acordar manejarlo de manera diferente.
Sabiduría
La segunda categoría moral para considerar es la sabiduría. La sabiduría comienza con una comprensión adecuada de Dios (Proverbios 9:10) y se manifiesta en la aplicación de principios bíblicos de una manera que honra a Dios (Proverbios 1:2–4). La ausencia de sabiduría a menudo resulta en necedad pecaminosa, pero algunas acciones pueden clasificarse correctamente como imprudentes, aunque no sean verdaderamente pecaminosas (por ejemplo, Santiago 1:5).
Por ejemplo, en Proverbios 7, Salomón presenta a un joven caprichoso cuyo mal juicio le lleva a los brazos de una adúltera. La distinción entre pecado y ausencia de sabiduría puede percibirse cuando se avanza en el texto haciéndose la pregunta: “y vi entre los simples, distinguí entre los muchachos a un joven falto de juicio, pasando por la calle cerca de su esquina;
iba camino de su casa,» (Proverbios 7:7-8). Aunque su decisión de acercarse a la casa de la adúltera ciertamente contribuye a su eventual pecado (Proverbios 7:21-23), su ruta de viaje en sí no es pecaminosa. La Biblia no prohíbe que un hombre se acerque a una mujer promiscua; de lo contrario, el propio Jesús sería culpable de este pecado (Juan 4:16-18). Sin embargo, la decisión del joven de acercarse a la casa de la adúltera está lejos de ser moralmente neutral. Carece de sabiduría. En ese momento, está rechazando la sabiduría divina que lo llamaría a evitar la tentación (Proverbios 6:20–35). Su falta de sabiduría finalmente lo conduce al pecado (Proverbios 7:21–23). La sabiduría, por lo tanto, requiere que uno perciba cuándo una decisión particular podría llevar al pecado, pensando bíblicamente en los patrones y las consecuencias.
Conciencia
La tercera categoría moral es la conciencia. Cuando alguien decide abstenerse de algo que no es ni pecaminoso ni insensato, normalmente se debe a su conciencia. Este término se utiliza en toda la Escritura, pero se define más claramente en la discusión de Pablo sobre los alimentos sacrificados a los ídolos en 1 Corintios 8-10 (véase también Hechos 24:16, 1 Timoteo 4:1-2, 2 Timoteo 1:3 y Hebreos 13:18-19). En Corinto en el siglo I, a los creyentes les preocupaba si debían o no comer carne que hubiera sido sacrificada a un ídolo y cómo debían responder a una invitación a cenar en la que pudiera servirse ese tipo de carne. Para los cristianos que reconocían que los ídolos no existen realmente, Pablo declaró que la carne no estaba contaminada (1 Corintios 8:4). Sin embargo, continuó diciendo: «Algunos, por su antigua asociación con los ídolos, comen comida como ofrecida realmente a un ídolo, y su conciencia, siendo débil, se contamina» (1 Corintios 8:7). Basándonos en este texto, se podría decir que la conciencia es el resultado de aplicar la sabiduría bíblica a la experiencia personal. La razón por la que algunos cristianos corintios tenían problemas con comer carne sacrificada a ídolos es porque antes lo hacían en el contexto del culto pagano. Comer la carne no era intrínsecamente pecaminoso o imprudente, sino que, «por su antigua asociación con los ídolos», el acto en sí contaminaba sus conciencias (1 Corintios 8:7).
Preferencia
Sin duda, las preferencias son la categoría más amplia en esta estructura, porque muchas decisiones diarias caen en esta clasificación. De hecho, esta es el área en la que muchas parejas suelen tener más discusiones. Las preferencias pueden tener alguna conexión leve con un principio de sabiduría o con un tema de conciencia, pero en gran medida son el resultado del gusto personal, el estilo, las tendencias, la etapa de vida, la generación o el trasfondo cultural de cada individuo. Términos bíblicos para esta categoría incluyen “opiniones” (Romanos 14:1) e “intereses” (Filipenses 2:4).
La clave para entender la categoría de preferencia es reconocer que tal opinión es moralmente neutral, siempre y cuando se mantenga de manera apropiada (es decir, sin convertirla en un ídolo). Aunque las Escrituras pueden informar nuestras preferencias e incluso transformarlas con el tiempo, los cristianos deben esperar estar en desacuerdo en este tipo de asuntos.
Habiendo examinado brevemente cada una de las cuatro categorías, en el próximo artículo discutiremos varios principios clave para aplicar estas categorías como un análisis moral.