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Lo “bíblico” en la Consejería Bíblica

Las Escrituras son autoritativas, suficientes, necesarias y no son sobrepasadas ni son igualadas por la sabiduría mundana.

Ene 1, 2026

A principios de esta semana,1Este blog fue escrito originalmente en inglés por Dale Johnson en Octubre de 2017 TGC [Coalición por el evangelio] volvió a publicar un blog de David Murray del 2012. Las palabras de Murray demuestran que ha habido un tremendo progreso en el movimiento de Consejería Bíblica desde sus inicios hace cuarenta años. Hubo un tiempo en que los consejeros cristianos se conformaban con su título que describía su intento de cristianizar la psicología. El progreso nos ha forzado a todos a considerar si nuestros métodos y fuentes de sabiduría para la consejería son bíblicos o no. Sus afirmaciones de la Consejería Bíblica demuestran los logros de muchos que han trabajado por la necesidad de las Escrituras en el cuidado de las almas. Mi meta, sin embargo, es interactuar con tres inquietudes planteadas por Murray en un intento de defender el uso del término “bíblico” en la Consejería Bíblica. 

La cuestión de la autoridad 

En primer lugar, ¿a qué nos referimos con el término “bíblico”? Murray sugirió que le cambiemos el nombre a la Consejería Bíblica, o al menos que transformemos nuestro entendimiento del término “bíblico”. Estoy de acuerdo que resultaría beneficioso aclarar el término. Pero el propósito de aclararlo sería distinguir la plétora de enfoques existentes bajo el amplio paraguas de la Consejería Bíblica, ya que es evidente que no todos interpretamos la idea de “bíblico” de la misma manera. Sin embargo, no creo que la solución sea relajar el término con fines de ser inclusivos. El término tiene la intención de comunicar una limitación de las Escrituras como autoritativas, suficientes y necesarias para la tarea de consejería.  

Rara vez en nuestros días consideramos que algo tiene autoridad si no es lo suficientemente exhaustivo. Si la Biblia no es autoritativa en todos los asuntos porque carece de información exhaustiva sobre un tema, entonces sostengo que esto debería incluir también asuntos espirituales. Este argumento se utiliza a menudo para justificar el uso de material bíblico adicional, alegando que la Biblia no tiene autoridad porque no es exhaustiva. Si aplicamos este mismo criterio a los asuntos espirituales, puesto que la Biblia tampoco responde exhaustivamente a todas nuestras curiosidades en este sentido, estamos comprando un pasaje a bordo de un tren destinado a descartar por completo la autoridad de la Biblia. Afortunadamente, el cuidado pastoral y la consejería están siendo rescatados de la teología de Paul Tillich, y no nos interesa volver a ella. 

Es muy posible que la pregunta en cuestión sea, ¿qué recursos son necesarios para la tarea de la consejería? ¿Qué se necesita para el cambio humano que honra a Dios? Si añadimos a los conceptos bíblicos para incluir descubrimientos seculares como necesarios, entonces la autoridad y necesidad de las Escrituras quedan comprometidas. ¿Dónde queda entonces el umbral de la autoridad y suficiencia de las Escrituras? El hombre entonces se convierte en la autoridad suprema, decidiendo la limitación y vitalidad de la suficiencia bíblica, al validar otras fuentes de autoridad a la par de la revelación especial. Actuar como si a la Biblia le faltara lo necesario para entender la condición humana, nos deja con nuestra propia sabiduría para descubrirla por nosotros mismos.  

La cuestión del dualismo 

En segundo lugar, tendemos a limitar el uso de la Escritura a cuestiones de espiritualidad. En la afirmación de Murray, los consejeros bíblicos crean este dualismo innecesario entre la Palabra y el resto del mundo porque afirmamos que la Biblia es totalmente suficiente. Pero, ¿realmente hay aspectos en la vida que no están bajo la esfera espiritual? La afirmación de Murray implica que existen problemas más complejos para el hombre que comprender la profundidad y amplitud de los efectos del pecado sobre el hombre, especialmente en lo que concierne al sufrimiento humano. Desde mi punto de vista, el argumento de Murray crea un dualismo innecesario al sugerir que hay partes del hombre que son espirituales y partes del hombre que no lo son. Esto limita la suficiencia de las Escrituras a las esferas de nuestras propias categorizaciones. Pero si la redención de Dios, que es espiritual, abarca el mundo material, entonces este dualismo es una distinción inútil. Nuestros cuerpos son materiales; sin embargo, el cuerpo no está divorciado de las consecuencias espirituales que se evidencian en el sufrimiento, la decadencia, y la muerte. Las acciones corporales tensan e influyen al hombre interior. De la misma manera, los deseos pecaminosos del corazón afectan al cuerpo. No podemos entender la decadencia de nuestra biología sin entender la maldición del pecado sobre el mundo. Como creyentes, estamos llamados a presentar nuestros cuerpos como sacrificio vivo a Dios, que es nuestro culto racional (Romanos 12:1). Todo lo que el hombre hace y enfrenta debe ser evaluado de manera espiritual. Aunque tenemos un cuerpo, no luchamos contra sangre y carne, sino contra principados y potestades (2 Corintios 10:3, Efesios 6:12). El cuerpo y el alma no deben ser vistos como un dualismo separado, sino como un todo unificado. 

Todo lo que pensamos, decimos y hacemos es una declaración sobre lo que creemos de Dios. La actividad humana es espiritual por diseño. Para el creyente, seremos juzgados espiritualmente por cada palabra ociosa. Para el incrédulo, sus acciones en el cuerpo están acarreando condenación para ellos mismos. Considere la respuesta de Jesús a la tentación en Mateo 4:4: “No solo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”. Jesús no está creando un dualismo entre cosas espirituales y no espirituales. Él no está diciendo que la Palabra es para cosas espirituales en la vida y que se debe buscar otro sustento fuera de lo espiritual. Pablo descarta este dualismo al hacer espiritual la necesidad corporal de comer y beber en 1 Corintios 10:31: “Entonces, ya sea que comáis, que bebáis, o que hagáis cualquier otra cosa, hacedlo todo para la gloria de Dios”. La tarea física de comer no está separada de la responsabilidad espiritual en relación con Dios. Nuestros cuerpos son templo del Espíritu Santo. Entonces, el decir que nuestros cuerpos existen fuera del sentido espiritual para crear una categoría a la que las Escrituras no aluden, es promover un dualismo innecesario dentro de la humanidad.  

La cuestión de la gracia redentora 

En tercer lugar, Dios ha demostrado ciertamente su bondad hacia el hombre en la gracia común, pero esto no es lo mismo que la revelación general. En resumen, la revelación general es la revelación que Dios hace de sí mismo a todos a través de la creación. En este caso, el buscar revelación más allá de esta limitación parece estirar y deformar su alcance e intención. Como lo han dicho otros públicamente, hay información verdadera que proviene de fuera de las Escrituras. Dios proporciona gracia a través de la creación, pero no en un sentido verdaderamente redentor. Es cierto que las hojas de higuera, en sentido literal, cubrieron la desnudez de Adán y Eva. Pero en realidad quedaron desnudos ante Dios. Nuestro rescate viene del Señor. Todas las demás formas de redención no son más que una sombra de la redención total. Un peligro es nuestra apresurada aceptación a lo que se ha denominado “gracia de la creación” como una revelación equivalente a las Escrituras para afirmar que el hombre puede ser completo sin Jesucristo. No nos cansemos ni desfallezcamos en nuestra paciencia por la plena liberación de todo pecado y sufrimiento. La Escritura concede la gracia y sabiduría para animarnos mientras esperamos pacientemente por fe. Sin fe es imposible agradar a Dios, y por lo tanto, cualquier fuente de sabiduría en la que confío, aparte de las Escrituras para calmar el alma perturbada, es reemplazar la ropa de justicia imputada con hojas de higuera (Hebreos 11:6). Esto no es gracia redentora, sino sombras movedizas que no son lo suficientemente resistentes para soportar el peso del corazón inquieto. 

¿Llamaríamos la “gracia de la creación” al conocimiento recopilado por los incrédulos? Ciertamente es un regalo que Dios permita conocimiento de cualquier tipo para la humanidad, pero no debemos descuidar la fuente de las dos sabidurías según las Escrituras y las consecuencias de cada una. La fuente de la verdadera sabiduría y el conocimiento es Cristo, sin reserva ni condición (Colosenses 2:3) y la consecuencia que lleva a la vida y no al cautiverio (Colosenses 2:8). La sabiduría humana conduce a la ceguera y la destrucción. La sabiduría humana no es sabiduría verdadera, sino necedad para Dios. En contraste, la gracia redentora de la Escritura prepara el corazón para la esperanza y la liberación que se revelarán en el día del Señor. 

Entonces, cuando decimos “bíblico” en Consejería Bíblica, queremos decir, como mínimo, que las Escrituras son autoritativas, suficientes, necesarias y no superadas ni igualadas por la “sabiduría” mundana para la tarea de consejería.